Budista en el trabajo : El arte de los encuentros zen.

En el monasterio budista, las mañanas de los jueves son dedicadas a las reuniones. Justamente después del desayuno los residentes se acomodan alrededor de una impresionante mesa de madera. Entonces uno de los monjes da a conocer el orden del día….Y todo el mundo aguanta la respiración antes de quedarse atascado.
Reuniones: sumergirse directamente en el corazón de nuestras emociones y nuestros preciados fracasos. Hace algunos años, cuando estallé, desafiante, sobre este tipo de galimatías, un venerable psicólogo me ofreció la siguiente explicación. Una especie de regalo – uno realmente valioso- para sobrevivir en un ambiente hostil.
Desde que fuí participante, he aquí una exclusiva para ti, querido lector del blog Daily Zen; las reuniones, con todos los participantes sentados alrededor de la mesa, traen de vuelta recuerdos de la mesa familiar de nuestra infancia. Es por eso que, años después, lo que es el asunto a tratar no tiene nada que ver con tomar decisiones o organizar un monasterio. Teniendo esto en cuenta, analizando las reuniones, es una tarea bastante distinta.
El jueves pasado, por ejemplo, uno de los monjes budistas – que está muy comprometido – estaba quejándose de que tenía demasiado trabajo. “Simplemente no puedo hacer nada más. Desde el último retiro, no he tenido un sólo momento para mí mismo, con toda esta gente nueva a la que dar la bienvenida y a la que guiar….He tenido que hacerlo todo y ninguno de ustedes estaba disponible para ayudarme…Esto no es justo”. Este monje, en un semipermanente estado de hiperactividad, simplemente nunca paraba.
Corría de un lado para el otro, organizando cosas, continuando con las tareas….. aunque muy a menudo nadie le ha pedido que las haga.

Siempre parecía estar persiguiendo para sí mismo la imagen del monje ideal. Una meta sin fin, la búsqueda del Grial….y en el corazón: una semipermanente insatisfacción.
Después de su discurso, las personas allí presentes le propusieron algunas soluciones: ¿quizás pudiese tener a alguien que le ayudase?. Su respuesta: sería muy difícil encontrar personas realmente motivadas.
¿Y si se tomase un poco de tiempo antes de los retiros, para poder tomar perspectiva y prepararse en calma? Su respuesta: de acuerdo, pero que si tenía algo de tiempo libre le gustaría seguir con la costura u ordenando su habitación, pero no utilizarlo para asuntos propios, oh no.
Algunas otras propuestas fueron dadas, pero ninguna realmente en condiciones de ser aceptada. Y aún así…el monje terminó la reunión con una sonrisa en los labios. La gente lo había escuchado, habían compartido y escuchado sus dificultades…el resto del camino a seguir era solamente suyo.

Traducido por Sandra María [Sao] Santisteban Delgado. 🙂

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